30 Dec 2019

La década del siglo

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Termina la década y empieza una nueva. Es cierto que hay algo de ficticio en celebrar las vueltas al sol. Más aún, parafraseando a Borges, también hay algo de ficticio en poner tanta expectativa cuando son múltiplos de diez (él decía que era más que nada una celebración del sistema decimal). Sin embargo, por más ficticio que pueda considerarse, es también signo de algo muy real. Hoy por hoy, siendo que la velocidad de las transformaciones que habitamos es creciente, diez años son más tiempo que en cualquier otro momento.

Entramos en esta década con las semillas plantadas de tres tendencias que prometen un impacto en todas las esferas y niveles de la forma en que vivimos: en primer lugar, la incorporación de la información como valor, junto a la capacidad de analizar y manipular grandes bases de datos con efectividad creciente, en segundo lugar la creciente automatización de un abanico de tareas anteriormente consideradas intelectuales, y en tercer lugar un nuevo y enérgico incremento en la posibilidad de complejizar, afinar y flexibilizar las funciones motrices de las máquinas. Evidentemente no son tendencias aisladas del resto de las cosas que están sucediendo, ni están, por supuesto, aisladas entre sí. Muchos algoritmos de análisis de grandes bases de datos usan algoritmos de inteligencia artificial como herramientas, muchos sistemas robóticos se nutren de formas de aprendizaje automático para mejorar sus movimientos, muchos algoritmos de inteligencia artificial se valen de grandes bases de datos como base de entrenamiento. Esta interdependencia habilita la posibilidad de retroalimentación, sobre todo en estos tiempos de crecimiento acelerado.

Cada una de estas tendencias, como hemos dicho, promete un desarrollo significativo en el curso de la década próxima. Pero el desarrollo técnico no está disociado de los usos sociales que se haga de la tecnología, y la forma en que evolucionen estas tres tecnologías en los años que vienen no será solamente en abstracto un aumento del poderío técnico, sino que evolucionarán de algún modo práctico, concreto, con beneficiarios, con relegados y con usos específicos asociados. Ahora bien, por lo poderoso de estos nuevos cambios, algunas de las tendencias concretas de desarrollo, una vez consolidado su curso, podrían ser muy difíciles de desandar. Más allá de que una tecnología en abstracto tenga siempre efectos duraderos (se aprende a hacer algo de un modo en que antes no se sabía hacer, y salvo catástrofes es difícil de desaprenderlo), las condiciones materiales que ésta puede instalar también puede sostenerse con la misma durabilidad.

Para cada una de estas tres tendencias de desarrollo tecnológico se plantea por lo menos una bifurcación: El poderío que ellas abren ¿continuará concentrándose en un grupo pequeño? ¿o se hará disponible al grueso de la sociedad en forma abierta, libre y auditable?

Si la manipulación y el análisis de grandes bases de datos son accesibles tan sólo a pocas manos, ¿qué efectos tendrá esto sobre el resto de la sociedad en términos de vigilancia y propaganda? Si, además, el aumento del poder armamentístico que promete el auge de la robótica favorece tan sólo a la misma élite, ¿cómo afectará al poder popular de exigir un cambio? Si se concentrara la capacidad de vigilar, de influenciar la opinión pública, y con un poder coercitivito de mayor magnitud al de cualquier estado autoritario de la historia, ¿de qué manera puede el pueblo exigir que se revierta esa tendencia? Pensando, además, que en este siglo muchas tareas llevadas a cabo hoy por trabajadores humanos podrían automatizarse en forma efectiva, ¿qué sucedería, en ese escenario, con los beneficios de esa transición?

No hace falta llegar al punto catastrofista de decir que vamos camino a una distopía. Es suficiente con notar que si esta tendencia continúa podría existir gente que, si quisiera, tendría el poder de hacer que las cosas sucedan de un modo muy lejano a la democracia, y notar que esto en sí es un grave problema. Notemos que las democracias occidentales tienen, al menos en principio, no sólo el objetivo de garantizar en el presente el cumplimiento de la voluntad del pueblo, sino de evitar concentraciones de poder que en el largo plazo podrían ponerlas en peligro.

Existen alternativas de rumbos a tomar. La herramienta política de implementar leyes antimonopólicas podría ayudar a evitar la concentración de poder económico que fundamenta la concentración de poder tecnológico. Los movimientos de software y hardware libre ayudan a que los beneficios del desarrollo tecnológico sean distribuidos. Tanto desde la contribución personal como desde la militancia en favor de políticas públicas y universitarias que promuevan el desarrollo de tecnologías abiertas se puede consolidar un entorno de desarrollo tecnológico que sea de propiedad pública y no de los gigantes de la industria propietaria. En cuanto a nuestra actividad en internet, el uso de comunicaciones cifradas y el ser conscientes de la información que compartimos en línea puede limitar el poder informático que cualquiera pudiera tener sobre nosotros.

En este marco, nuestro objetivo como colectivo es divulgar una serie de herramientas filosóficas que ayuden a pensar estos problemas, a participar de las soluciones existentes, y a colaborar en el diseño de soluciones nuevas. Además, estamos impulsando, desde el proyecto UBA Boid, la conformación de un espacio para el diseño y desarrollo de tecnologías libres en la universidad pública. Principalmente, creemos importante el involucrarnos lo más posible en estas discusiones, desde una perspectiva prudente pero activa, entrando en una década que muy posiblemente y en varios sentidos puede ser la década que defina el siglo.


Esta nota no fue enviada un sábado, como de costumbre, sino un martes. Esto es porque decidimos esperar algunos días más para mandar un mail de cierre de año -y cierre de década- en su último día, y no quedarnos atrás con aprovechar la ocasión para los balances. Si bien en este mail se realizó una reflexión más general, también quisimos contar un poco más en concreto lo que fue nuestro año.

Como dijo Juan, hace ya un tiempo que venimos teniendo una participación activa en el movimiento de tecnologías libres en Sudamérica. Este año algunxs de los miembrxs de nuestro grupo asistieron a una residencia desarrollada por el laboratorio CTA de la Universidad de Rio Grande do Sul, en donde incorporaron muchos conocimientos de gente experimentada en el área de hardware y software abiertos y a su vez se fortalecieron vínculos con muchos grupos de distintos países de nuestro continente que se encuentran desarrollando trabajos afines. Este trabajo desembocó en un proyecto para realizar un laboratorio de tecnologías libres y abiertas en Buenos Aires, para lo cual comenzaremos a trabajar en Enero en conjunto con Fábrica, de Tecnópolis, y nuestrxs amigxs de Brasil.

Además, consideramos de fundamental importancia la estimulación de la pregunta filosófica como herramienta crítica frente al contexto al que nos introduce esta nueva década. Para que esto se difunda estuvimos presentándonos en una serie de eventos, algunos más filosóficos y otros sobre diferentes temas, en donde tuvimos la oportunidad de contar lo que pensamos y animar a la gente a discutir. No podemos dejar de mencionar un evento que sucedió no este año, sino el anterior, que fue un curso de extensión que ofrecimos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA sobre filosofía de la inteligencia artificial. Sorprendentemente (o no tanto), tuvimos muchas personas inscriptas, que mostraron un profundo interés por los temas que compartimos con ellxs. Nos produce mucha alegría poder formar parte de estos espacios, pero sobre todo disfrutamos del feedback que obtenemos en las discusiones con la gente que nos escucha o nos lee. Este nuevo año continuaremos presentándonos u organizando eventos de filosofía y tecnología, y esperamos que sean muchos más.


Escrito por: Juan Fernández Zaragoza

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