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La política en tres niveles
Acciones, motivación y fundamentos
Creo que la ética y la política pueden pensarse en tres niveles de profundidad.
El primero es el nivel de las acciones. Se concentra en las acciones que mejorarían el mundo en caso de que las llevemos a cabo. Si consumimos demasiado plástico, reciclar es una buena idea. Usar transporte público podría reducir las emisiones de CO2, y dejar de comer carne ayudaría con el efecto invernadero. Saber qué hay que hacer es un buen primer paso.
Lamentablemente, no solemos hacer lo que consideramos mejor. Cuando tenemos la oportunidad de viajar en auto, ir en bicicleta o en transporte público resulta incómodo. Aunque usar la bicicleta beneficiaría a nuestros congéneres humanos, da la casualidad que es incómodo para la única persona que tendría que tomar la decisión. En la práctica, identificar qué acciones convienen a la humanidad casi nunca es suficiente para transformar la sociedad, porque la mayoría de la gente no está dispuesta a sacrificar su comodidad en cada mínima decisión.
El segundo nivel es el de los incentivos. Se concentra en cómo motivar esas acciones que benefician a la sociedad pero son incómodas o desfavorables para quien las lleva a cabo. Por ejemplo, si reciclar es costoso, facilitar el proceso de reciclaje o reducir impuestos a quienes reciclan podría compensar ese costo. La comodidad del auto disminuiría con aranceles al combustible. Si hubiera subsidios a la comida vegetariana, quizás surgirían más opciones y no nos tentaría tanto comer carne. Muchas personas con experiencia en gestión piensan en los sistemas de incentivos además de las acciones.
En la cotidianidad, se puede llegar muy lejos pensando sólo en el segundo nivel. Si tenés el poder de intervenir los incentivos, no hace falta otra cosa. Si sos capaz de convencer a alguien que tenga ese poder, tampoco. Pero a veces surgen nuevos problemas después de encontrar un sistema de incentivos que motivaría las acciones que queremos.
Por ejemplo, podrías haber encontrado un excelente sistema de recompensas para el rendimiento en una empresa, pero que el jefe decida no implementarlo porque eso dejaría mal parado a su sobrino. Podrías diagramar un proceso para facilitar el reciclaje y que, tras proponerlo, dos oficinas se peleen para que les asignen el proyecto (y el presupuesto para implementarlo). Podrías proponer un pacto internacional para reducir las emisiones de dióxido de carbono y que se interprete como un disimulado intento de subyugación a los demás países. Todos estos obstáculos tratan sobre cuáles son los incentivos detrás de imponer un nuevo sistema de incentivos.
Muchas veces, uno puede resolver esos problemas sin pensar más allá de los incentivos. Si el nuevo sistema de incentivos perjudicaría al sobrino del jefe, quitaría poder a un intendente amigo, o beneficiaría a un empresario rival, entonces la nueva pregunta es cómo incentivar al sobrino del jefe, al intendente, o al empresario perjudicado, para compensar el costo del nuevo sistema. Hay quienes dirían que la política se trata precisamente de esas estratagemas.
Para mí, todavía falta un paso más, porque el juego de estratagemas y politiquería tampoco dio grandes resultados. La pobreza, la crisis ambiental y las guerras siguen siendo realidades. Resulta que las personas que incentivan a los que plantean los sistemas de incentivos también tienen sus propios intereses, que no siempre coinciden con el bienestar del pueblo y la grandeza de la patria. Si quisiéramos corregir eso, tendríamos que mejorar los incentivos de esas personas que ya se estaban dedicando a incentivar a quienes pueden definir las estructuras de incentivos de la sociedad. Se pone engorroso.
El tercer nivel para pensar la política es el de los fundamentos. Tras observar que, en cada paso, estamos sumando un eslabón a la cadena de quién incentiva a quién, cabe preguntarse dónde está el final. Es más abstracto, pero quizás la estructura de esa cadena logre explicar por qué nuestras mejores intenciones nunca llegan a buen puerto. No es intuitivo, pero quizás intervenir sobre esos fundamentos sea la clave para mejorar las cosas.
Resulta que, al final (o al principio), la cadena se cierra sobre sí misma. Por ejemplo, el jefe quiere incentivar que sus empleados trabajen mejor porque su buen trabajo hará que el jefe gane más, lo cual incentiva al jefe. Como en un cuadro de Escher, alguien incentiva a alguien que lo incentiva de nuevo a él. Toda la cooperación humana se sostiene en ciclos de incentivos (de otro modo, nunca habría un incentivo inicial). Dije “cadenas”, pero en realidad esos ciclos iniciales que sostienen la cooperación pueden incluir a todo un grupo (donde cada participante incentiva a todo el resto, que a su vez lo incentiva a él, etc., y el mismo ciclo vale para todos los participantes).
Lo importante de todo esto es que, hasta la actualidad, los ciclos que fundamentan la cooperación grupal sólo fueron de dos tipos. En el primer caso, todo el grupo decide a quién premiar o castigar. Esta forma de cooperar es horizontal y tiende a promover acciones que benefician al grupo, pero requiere que todos vigilen a todos. Si eso no sucede, no funciona. Es la forma de cooperación que fundamenta a las comunidades, las comunas, las aldeas y varias tribus. El problema es que es imposible que todos se vean con todos en grupos grandes. Por eso es tan factible que haya comunidades pequeñas donde todos trabajen por el bien común, horizontalmente, sin grandes diferencias de poder, y es tan difícil que suceda lo mismo en grupos grandes.
En el segundo caso, sólo una parte del grupo decide a quién premiar o castigar, y el resto obedece. Esta segunda forma de cooperar da poder extraordinario a unos pocos, pero no requiere que todos vigilen a todos. Para que funcione, es suficiente que los jerarcas puedan ver a los demás, o vigilar a intermediarios que vigilen a los demás, etc. Por eso, esta segunda forma de fundamentar la cooperación sí puede funcionar en grupos grandes. El problema es que, una vez que hay una jerarquía, quienes deciden a quién premiar pueden decidir premiarse a sí mismos. La propia estructura genera la posibilidad de que algunos ganen sin aportar nada. Cuando sucedía en la jerarquía empresarial o en la feudal, el marxismo lo llamaba “plusvalía”, y cuando sucedía en la jerarquía sindical, lo llamaba “traición”. Cuando sucede en el Estado, se lo llama “corrupción”. Estructuralmente, la dinámica es la misma y tiene la misma raíz.
Hasta ahora, no existe otra forma de forjar ese “ciclo inicial” para la cooperación grupal que las dos anteriores. Esto implica que, a gran escala, implementar un sistema de incentivos requiere subordinarse a algún jerarca. Ese sistema se implementará siempre que beneficie al jerarca, y dejará de implementarse cuando perjudique a su sobrino o al intendente amigo. Además, una vez adquirido el poder, puede usarse para dar órdenes sin relación con el objetivo inicial, como preparar café o construir pirámides.
Si cooperar requiere subyugarse, es natural que algunos se resistan. Si ser jerarca es tan provechoso, es natural que muchos prefieran tomar medidas para preservar su poder incluso cuando no sean las mejores para la humanidad. Hace al menos diez mil años que nos chocamos con la misma piedra. No tiene sentido. Si cooperar en gran escala no implicara meterse en juegos de poder y subordinación, todo sería infinitamente más fácil. Creo que ahí se juega el futuro de la política.
¡Hola!
Soy Juan, escribí el texto que acabás de leer. Estoy terminando de pulir un ensayo sobre el enfoque fundamental y sobre cómo resolver el dilema que mencioné más arriba. Se llama “La Causa” y va a salir a fin de mes. De todo lo que escribí, es lo que considero más importante.
Además, quiero contarte un plan que tengo. Durante los últimos años, escribí muchos textos largos que nunca terminé de sacar. Algunos los escribí y reescribí varias veces. Entonces, ahora tengo todo un marco teórico que quiero compartir pero que permanece inédito entre mis archivos. Por eso, hace ya unas semanas, tomé la decisión de sacar (terminar) 7 libros en los 7 meses que restan del año. “La Causa” será el primero, que sale a fin de mes. Después vienen, no sé en qué orden,
Un ensayo con seis correcciones a la teoría marxista (para exponer diferencias fundamentales).
Un ensayo sobre cómo nuestras emociones sostenían la economía prehistórica (y por qué hacen cortocircuito con la economía actual).
Posiblemente, ua actualización de “Patrones”, el libro sobre el poder económico que saqué hace unos años con Valentín Muro, con las cosas que aprendí desde entonces.
No sé cuáles serán los otros 3 libros, porque tengo varias otras cosas a medio escribir. Quizás saque uno de ficciones filosóficas, uno sobre ética y filosofía práctica, no lo sé. El objetivo es obligarme a terminar. La consigna es sencilla: cada fin de mes, de acá a que termine el año, voy a disponibilizar un EPUB y/o un PDF de un libro nuevo. Algunos (como “La Causa”) también van a salir en papel, así que avisame si te interesa tener una copia.
Estuve lejos de las redes este año, pero voy a estar comunicándome por este medio. La semana que viene te traigo más noticias. Se vienen cositas.
Te mando un abrazo grande,
Gracias por todo
PD: Estamos pensando pasar el Newsletter a Substack. ¿Qué opinás? ¿Ya usaste substack?
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