Hay una pregunta incómoda pero crucial para cualquier revolucionario, que es si el socialismo podría ser una plataforma. En principio, así como MercadoLibre o Ebay expresan el capitalismo, quizás podríamos imaginar una plataforma que exprese el socialismo.
Una plataforma así podría diseñarse, implementarse y escalar. En caso de que ofrezca alguna ventaja, conseguirá usuarios y crecerá exponencialmente hasta ganar alcance internacional, tal como lo hicieron Uber, Rappi o Youtube. Algunas plataformas permiten compartir videos u organizar el reparto a domicilio. Si una plataforma permitiera cooperar horizontalmente para el bien común, mediante lógicas no capitalistas, su crecimiento exponencial sería nada menos que la Revolución.
La propuesta puede resultar chocante y contraria al sentido común. En lo estético, se parece más al mundo de Mark Zuckerberg que al del Che Guevara. En lo cotidiano, se parece más a la exigencia de la oficina que al romance del Mayo Francés. Sin embargo, es sensata a nivel histórico. Concretamente, pensar la revolución como una plataforma exponencial concuerda mejor con cómo funcionan las revoluciones en general.
Desde el siglo XIX, la tradición socialista aspiró a tomar el poder primero y solo después construir un sistema nuevo, en lugar de primero construir un nuevo sistema y luego usarlo para tomar el poder. Esto se aleja de cómo funcionaron todas las revoluciones anteriores. Por ejemplo, la Revolución Francesa fue la culminación de la conformación y el crecimiento exponencial de las redes de comercio y manufactura que que se asentaron en el siglo XII. Estas redes crecieron, prosperaron y se fortalecieron hasta desplazar al Antiguo Régimen. Primero nació el nuevo sistema, el mercado, y fue su crecimiento exponencial lo que desplazó al sistema anterior y le otorgó un alcance global. La tradición socialista intentó hacer el camino al revés, y eso trajo dos problemas.
En primer lugar, aplicar un sistema directamente en gran escala suele generar más dolores de cabeza que empezar un sistema nuevo en escalas pequeñas y luego dejar que crezca. Esto es porque las cosas, desafortunadamente, nunca funcionan bien a la primera. Empezar en grupos pequeños permite equivocarse, iterar, evolucionar y corregir, mientras que cualquier error en la gran escala acarrea consecuencias gigantes. Por otra parte, destruir un sistema antes de tener un sistema nuevo funcionando es irresponsable, porque el mero hecho de tener un sistema funcionando es a la vez muy importante y muy difícil. Tras destruir un sistema, se vuelve urgente tener algún sistema en pie, y no hay margen de error para probar alternativas. Lo más seguro en esos casos es implementar un sistema viejo, conocido y eficaz para salir del apuro, y no hay sistema más antiguo y confiable que una jerarquía. En lugar de refundar la sociedad, las revoluciones se vieron obligadas a organizarse igual que las monarquías, las empresas y los feudos, donde una persona toma las decisiones y los demás obedecen.
En segundo lugar, empezar construyendo un sistema alternativo es precisamente lo que otorga la fuerza para desplazar al sistema anterior. Renunciar a ese envión es poco estratégico. La crisis de la economía feudal no llegó sola, sino que la prosperidad del mercado causó que varios vasallos abandonaran a sus señores para subordinarse a los banqueros, comerciantes y artesanos del sistema nuevo. Si el viejo sistema sufrió una crisis, fue precisamente porque el sistema nuevo la generó con su crecimiento. Cuando un sistema nuevo adquiere prosperidad, robar participantes al sistema anterior para cobrar incluso más fuerza y crecer como una bola de nieve, hasta transformarse en una avalancha como la Revolución Francesa.
En general, la mayoría de las disrupciones en nuestros modos de vida nacieron como bolas de nieve y se volvieron avalanchas. Facebook, por ejemplo, empezó en una universidad, se volvió más atractivo cuantos más usuarios ganó, y creció hasta que fuera imposible hablar de política sin hablar de redes sociales. La adopción de la computación, la telefonía e Internet fueron exponenciales y ahora son los fundamentos d la infraestructura global. La unificación de Estados europeos, la conquista de América, el imperialismo y la formación de corporaciones de comercio nacieron de la capacidad de ganar fuerza al crecer y usar esa fuerza para crecer más. En la misma línea, el crecimiento exponencial del comercio y la manufactura se tradujo en nada menos que las revoluciones industriales. En general, las explosiones que cambian al mundo se originan en dinámicas exponenciales, las mismas exponenciales del mundo de las plataformas.
Las exponenciales ponen a todo lo demás en perspectiva. En 1969, cuando todos hablaban de Woodstock y del reciente Mayo Francés, se envió el primer mensaje por Internet entre dos universidades. En aquel momento, el mensaje parecía una curiosidad de nicho. Con las décadas, el crecimiento de Internet sacudió más al mundo que cualquier marcha o movimiento de lo años 60. Cuando Colón llegó a América, las potencias europeas lo consideraron un asunto menor frente a conflictos sucesorios y fronterizos más masivos y urgentes que hoy casi nadie recuerda. En el lejano futuro, el imperialismo del Norte y la revolución Cubana serán notas al pie al lado de las exponenciales que se nos presenten o podamos generar. La historia se hace con exponenciales, lo demás es crónica.
Imaginar al socialismo como una plataforma capaz de crecer exponencialmente tiene dos grandes dificultades. Por un lado, requiere definir cómo funcionaría el socialismo en la práctica y ponerlo a prueba una y otra vez. Eso implica perder el romance de las utopías y comprometerse con opciones de carne y hueso. Por otra parte, requiere lidiar con el peor capricho de las exponenciales, que es que toman mucho tiempo en rendir frutos.
Sin embargo, en un contexto internacional donde los Estados pierden cada vez más poder frente a las plataformas, pensar en tomar el Estado me parece una reliquia. En el mundo de las plataformas, quiero usar la mejor arma del sistema contra él.
Hola!
Soy Juan, escribí la nota de arriba.
Para mí, el socialismo de plataformas es más que una idea divertida. Es, en todo caso, una presentación divertida de un proyecto: diseñar un sistema de cooperación escalable que resuelva los problemas más graves del sistema actual.
Si te interesa trabajar o colaborar con este proyecto, no dudes en ponerte en contacto.
Un abrazo grande,
Juan
