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Thiel y los monopolios
El punto ciego de su argumento
La cosmovisión de Peter Thiel empieza con que los monopolios son buenos.
Yo no creo que los monopolios sean buenos, pero me interesa mucho su argumento1 porque, para defender a los monopolios, Thiel señala falencias del mercado que otros no suelen observar. Esto no quita que su argumento tenga un punto ciego fundamental.
Para mí, admitir las partes correctas del argumento de Thiel y, al mismo tiempo, aclarar el punto que pasa por alto, otorga un buen panorama del problema más central de nuestro sistema económico.
Centralmente, Thiel argumenta que los monopolios son el único modo confiable para capturar valor al innovar que ofrece el sistema. “Capturar valor” quiere decir obtener beneficios personalmente. Distinguir entre valor creado y valor capturado es útil porque es frecuente crear cosas valiosas para los demás sin beneficiarse personalmente. Aunque la penicilina salvó muchas más vidas que Messi, Alexander Fleming no se enriqueció. Los artistas Van Gogh y Cartola murieron en la pobreza. Si hubiera mejor proporcionalidad entre beneficiar a la humanidad y beneficiarse uno, probablemente habría más maestros y menos casas de apuestas.
El mercado permitiría capturar parte del valor que uno crea. Por ejemplo, un carpintero puede construir una silla y venderla. Así, el carpintero captura algo valioso, el dinero, gracias a crear algo valioso, la silla. Pero el mercado no permite capturar todo el valor que uno crea. Por ejemplo, si el carpintero descubre un proceso para barnizar las sillas que las vuelve mucho más duraderas, cualquier otro carpintero podrá usar el mismo truco. El descubridor habría creado mucho valor, pero capturaría prácticamente cero. En principio, el Estado podría intervenir para proteger la propiedad intelectual, pero el libre mercado no incentiva la innovación.
En realidad, el libre mercado no recompensa ninguna acción que beneficie a grupos de manera indivisible. Sí recompensa fabricar zapatos para cien personas, porque esa acción puede dividirse en fabricar zapatillas para cada una de las cien personas. El zapatero podría dar zapatos a quienes le paguen y negar zapatos a quienes no, lo cual incentivaría a todos a pagar los zapatos. Sin embargo, cuidar las flores de la plaza que usan cien personas es indivisible. Uno no puede arreglar las flores para que sólo las puedan disfrutar las personas que pagaron2 . Entonces, lo más provechoso para cualquiera es esperar que otros paguen y después disfrutar las flores en forma gratuita. El problema es que, si todos piensan así, nadie arregla las flores. Así como el mercado no promueve innovar o arreglar flores porque son acciones que benefician a un grupo entero, tampoco promueve trabajar contra la exclusión y la pobreza ni por el cuidado del medio ambiente.
Thiel observa que, en el caso particular de las innovaciones, el problema podría evitarse. Por ejemplo, si hubiera un solo carpintero, entonces sería imposible que otros copien el nuevo método de barniz. Esta defensa de los monopolios puede parecer ridícula, pero nace de una observación real: sería bueno incentivar la innovación, y el mercado no la incentiva. Una manera posible de garantizar el monopolio es mediante una patente. Con una patente, el Estado se encargaría de castigar a quienes usen el nuevo método sin permiso, lo cual ayudaría al inventor a que nadie se aproveche de su esfuerzo.
Otra manera de garantizar tener un monopolio es participar de un negocio que no podría no ser monopólico. Por ejemplo, uno podría inventar una forma de hacer pagos por internet. Si diseña una plataforma que sólo permite hacer pagos entre usuarios, entonces la plataforma aportará más valor cuantos más usuarios tenga (porque permitirá aceptar y enviar pagos a más personas). Naturalmente, todos tenderán a usar la plataforma que más gente usa, y surgirá un monopolio. En general, sucede lo mismo con todas las innovaciones que funcionan conectando personas, porque tener más usuarios implica permitir más conexiones: redes sociales, aplicaciones de reparto, aplicaciones de compra-venta, etc. Que una plataforma mejore cuantos más usuarios tiene, porque permite cada vez más conexiones, se conoce como “efecto de red”. Los negocios vinculados a efectos de red son conocidos por ser naturalmente monopólicos.
Es sensato que las personas puedan capturar parte del valor que crean. El problema que Thiel pasa por alto es que los monopolios suelen capturar más valor del que crearon. Cuando el monopolio captura más beneficios de los que trajo, la sociedad sale perdiendo.
No quiero hablar ahora de monopolios que capturan valor dedicándose, literalmente, a hacer cosas perjudiciales para la humanidad. Me resulta obvio que la industria armamentista destruye valor, porque mata personas y rompe infraestructura. Creo cierto, aunque me resulta menos obvio, que las casas de apuestas y las plataformas de entretenimiento traen más daños que beneficios a la sociedad. Tratar estos asuntos requiere diferenciar el valor individual del valor social (por ejemplo, lo mejor para el mundo sería dejar de producir tantas armas, pero dejar de comprar armas cuando tus vecinos se están armando no parece la mejor idea para cada país).
En cambio, me resulta importante observar que las industrias de efectos de red indefectiblemente destruyen valor en el momento de crecer, incluso cuando se dedican a crear algo valioso o beneficioso. Por ejemplo, incluso si una plataforma de reparto abarata y acelera la logística de pedir comida, el hecho de que todos migren a esa plataforma debilita el aparato logístico que tenían los restaurantes. Incluso si una plataforma como Uber abarata y acelera la logística de los viajes, el hecho de que todos migren a esa plataforma debilita la red de Taxis y autos particulares. En principio, esto no es malo, porque las personas migraron a la plataforma que funciona mejor. El problema viene después.
Si Uber logra el monopolio, controlará todos los viajes, y podrá capturar todo el valor de los viajes. Sin embargo, Uber no habrá creado el valor de todos los viajes, o al menos no en términos netos: si el monopolio de Uber implica la desaparición de los Taxis, entonces Uber no trajo el valor de todos los viajes, sino sólo el de los viajes nuevos. Del valor que Uber controla, en realidad, sólo trajo al mundo la fracción que no existía antes de Uber. Con los efectos de red, siempre sucede que el monopolio termina controlando más valor del que creó, precisamente porque los efectos de red implican desplazar a toda red preexistente, por valiosa que sea. Naturalmente, eso permite que los monopolios capturen más valor del que crean, lo cual es perjudicial para la sociedad incluso si las innovaciones son buenas.
El desplazamiento de las redes valiosas y preexistentes es, al mismo tiempo, uno de los fenómenos más importantes de la economía, y uno de los menos presentes en las conversaciones cotidianas.
Imaginemos una pequeña aldea que no usa dinero3 . Se conocen y saben organizarse para pescar, recolectar fruta y madera, cocinar, y cubrir sus necesidades básicas. Todas las semanas celebran con un banquete y una fiesta con música en vivo.
Un día llega alguien de la ciudad a contratar a un habitante por 100 monedas. El habitante responde que no, porque esas 100 monedas no alcanzarían siquiera para comer, mientras que la aldea provee pescado, fruta, huevo y hortalizas, lo cual es más que una dieta nutritiva. Entonces, el contratista ofrece 500 monedas, que alcanzarían para comer pescado, fruta, huevo y hortalizas, pero también pan, queso y carne de cerdo en la ciudad, una oferta sustancialmente mejor que la de la aldea.
El habitante se tienta, pero reconoce que las 500 monedas, aunque buenas para comer, no alcanzarían para cubrir un banquete festivo semanal. Entonces el empresario ofrece 1500 monedas, que permitirían cubrir, además de la comida, tres banquetes festivos semanales en la ciudad. El habitante se ilusiona pero vuelve a dudar, y el empresario ofrece rápidamente unas 2000 monedas para cerrar el trato.
El habitante que partió a la ciudad recolectaba las manzanas. Ahora, la dieta y el banquete carecen de manzanas. Además, como el habitante era músico, la banda que tocaba en la fiesta tiene una guitarra menos.
Cuando el empresario de la ciudad vuelve a la aldea a contratar a un segundo habitante, ya no compite contra el banquete completo ni contra la banda completa. El segundo tampoco sufriría ser el primero en partir: no enfrentaría los reproches de hacer algo inusitado ni llegaría a una ciudad en sin conocer a nadie. Tras una negociación más breve, el empresario logra contratarlo por 1600 monedas. Tras partir el segundo habitante, al banquete le faltan las manzanas y el pan, y a la banda le faltan una guitarra y un tambor.
Cada vez que llega el empresario, contrata un nuevo habitante por un salario menor, y el banquete se vacía. Al desaparecer la aldea, el empresario puede renovar cualquier contrato por 100 monedas. 100 monedas no alcanzan siquiera para comer, pero ya no hay alternativa.
Buen sábado!
Soy Juan, escribí la nota que recién leíste.
En general, cuando escalan los efectos de red, crear valor destruye cada vez más valor. Si no hacemos algo al respecto, nos espera un futuro hostil.
Esta semana terminé de redactar “La Causa”. Es una exposición del problema más importante que quiero resolver, y está muy ligado a los temas de esta nota y la anterior. Estará disponible el próximo fin de semana.
Además, quiero contarte que pronto será el lanzamiento de “Locoloquio”, un podcast para considerar ideas interesantes. Nos está divirtiendo mucho prepararlo, y espero que te guste.
Finalmente, quiero contarte que desde la semana que viene, vamos a mandar correos desde Substack. Si tenés la opción y las ganas de compartir y recomendar este newsletter, harías un favor enorme. Es una forma fácil y generosa de hacernos llegar que este trabajo vale la pena.
Un abrazo grande,
Juan
PD: No creo que Thiel haya pasado por alto el punto ciego de su argumento. Creo que lo sabe y decide ignorarlo. Si te lo cruzás en Buenos Aires, te pido que le preguntes y me digas qué responde.
1 Thiel expuso su argumento en el libro “Zero to One” y en varias presentaciones. Por ejemplo, expuso algunas ideas centrales en la charla “Competition is for losers” en el curso de “How to start a startup” disponible en Youtube.
2 Elinor Ostrom usa el concepto de “excluibilidad” para caracterizar este tipo de problemas.
3 El ejemplo de la aldea nació de una charla que preparamos junto con mi amigo Facundo Gelatti. Me tomé el atrevimiento de escribirlo acá porque me pareció una buena forma de mostrar la generalidad del concepto.
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