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Del chisme al OnlyFans
¿Podrán?
Durante siglos, la cultura occidental condenó la sexualidad femenina.
Sin embargo, las fotos seductoras se dispararon en las redes sociales, y OnlyFans se transformó en una plataforma masiva.
Explicar un cambio tan rotundo lleva a considerar aspectos fundamentales de cómo funciona la sociedad1 , y entender las causas de los sucesos más críticos del presente.
Más allá de por qué surgió, en occidente existía un sistema de reglas que penalizaba la sexualidad femenina. Para que una regla funcione, tiene que haber algún sistema que las implemente, es decir, que premie a quienes las siguen y penalice a quienes no lo hacen2
Muchas veces, incumplir las reglas implica un castigo sutil, como la mirada reprobatoria de la gente alrededor, un chisme en contra, o mayor dificultad para tener una conversación cálida con alguien al lado. Cuando los castigos sutiles funcionan, son prácticamente invisibles y gobiernan gran parte de la conducta3 .
El sistema por detrás de las miradas reprobatorias y los chismes es el reconocimiento, y la economía del reconocimiento es fascinante. Intentá acordarte de alguna comunidad o espacio chismoso, y vamos a ver cómo funciona.
Están hablando mal de una vecina que fue infiel a su marido. Si te sumás al chisme y tu vecina se entera, vas a quedar mal con ella, pero si no te sumás vas a quedar afuera. Además, si llegás a defenderla frente al grupo, vas a ganarte el rótulo de aguafiestas.
El chisme penaliza a quien incumple la norma. Penalizar a quien incumple la norma tiene un costo (quedar mal con tu vecina). Si quedara ahí, nadie contaría chismes porque a nadie le convendría, la infracción quedaría impune y nadie seguiría las reglas.
Lo que rescata a las reglas es que no participar del chisme es penalizado (quedás afuera de la conversación). Entre quedar mal con la infractora o quedar mal con el resto del grupo, la mayoría elige quedar mal con la infractora. Por eso existen los chismes.
El chisme es una forma de implementar el reconocimiento, que es cualquier sistema en que penalizar a quien incumple las reglas forma parte de las reglas. Esto hace que a todo el mundo le convenga implementar y cumplir las reglas, sin importar si las reglas gustan o no, o si le sirven de algo a la comunidad. El sistema pasa a sostenerse por sí mismo porque a nadie le conviene dejar de reproducirlo. Esto hizo que, por ejemplo, varias religiones preservaran restricciones dietéticas mucho después de que desaparecieran los riesgos a la salud, o que los homosexuales también estuvieran presionados a mostrarse homofóbicos.
Así como hay una economía en la preservación de las normas, también hay una economía detrás de su colapso.
Hasta ahora, vimos que faltar a implementar un sistema de reconocimiento tiene un costo, pero también puede tener un beneficio. Para empezar, hay beneficios subjetivos, como hacer lo que tenés ganas de hacer o sentirte libre. Pero también puede tener beneficios objetivos. Por ejemplo, si mostrar el escote resulta atractivo, también podría otorgar cierto poder sobre otras personas.
Suponiendo que fuera así, ¿cuánto poder otorgaría? Seguramente, depende de muchas cosas, pero una de ellas es la cantidad de gente que resulte atraída.
Eso cambió. En el medioevo, sólo podían vernos las personas de la aldea. Aunque algunos pudieran verse atraídos, todos iban a juzgarnos. El castigo era mayor que el poder adquirido, y triunfaba la norma social.
Cuando crecieron las ciudades, empezamos a poder impactar a más gente que la que nos juzgaría con un chisme, porque nos ve mucha más gente que la que nos conoce. El castigo quedó igual, pero el poder asociado a cumplir la norma creció. Eventualmente, la norma colapsó.
Además, colapsó rápido, porque cada persona que empieza a usar vestidos escotados es una persona menos contando chismes, lo cual reduce tanto la penalización de usar vestidos escotados como el riesgo de quedarse afuera por no participar del chisme. Entonces hubo una reacción en cadena en que cada vez más personas usaron escote, menos contaron chismes al respecto, y la norma social se hizo trizas.
El castigo por mostrar un poco de escote siempre fue menor al de mostrar el culo, y por eso la norma de no mostrar el culo colapsó mucho después. Al principio, sólo quienes salían en el cine o la televisión podían acceder a una audiencia masiva. Una persona muy atractiva ya no tendría la mirada de cientos, sino de millones. Después, con internet y las redes sociales, esta posibilidad se extendió a todas las personas atractivas, sin importar si tenían acceso a los estudios de televisión.
Entre otras cosas, tanta visibilidad te da dinero. Aunque el castigo de mostrar el culo era mucho mayor que el de mostrar el escote, la posibilidad de tener un alcance masivo eventualmente superó al castigo de la gente alrededor. La norma social colapsó por una reacción en cadena similar a la que habíamos mencionado: cuando la televisión se masificó, se volvió aceptable mostrar el culo en televisión, y cuando se masificó internet, mostrar el culo se volvió aceptable en general. El surgimiento de OnlyFans sigue exactamente la misma lógica para el contenido sexualmente explícito.
El caso del escote es divertido, entre otras cosas porque la norma nos parece ridícula. Pero tiene doble filo, porque las normas sociales siempre fueron un modo descentralizado de imponer reglas, y así como la hiperconectividad hizo colapsar las normas que nos parecen mal, también hizo colapsar las normas que nos parecen bien.
También eran normas sociales las que llevaban a querer cuidar a los adultos mayores, a los enfermos o a los débiles. También eran normas sociales las que nos llevaban a cuidar a la familia o la comunidad. Y colapsaron por un motivo parecido: eventualmente, el beneficio de incumplirlas sobrepasó al castigo social de hacerlo. Más que con internet, esto sucedió con la complejización de la economía y la aparición de puestos cada vez mejor pagos y más demandantes.
Al principio, pocos afortunados tenían trabajos lo suficientemente bien pagos como para que valiera la pena quedar mal con los propios por faltar a compromisos para seguir trabajando. Sin embargo, una persona más que se compromete con el trabajo en lugar de con aquellas normas es una persona menos que las impone. A medida que las empresas se agrandaban y cada vez existían más puestos de alta responsabilidad, este número creció. Eventualmente llegó la misma reacción en cadena en que esas normas sociales colapsaron.
Pienso en esta forma de colapso de las normas como un desgarro. La imagen es que cuando crecen la conectividad y la tecnología, aparecen nuevos lugares de mayor poder y alcance que “tiran tanto” hacia arriba que el código social se rompe. Por eso, cuando hablo de este fenómeno en general, lo llamo “desgarro social”. Si te fijás, vas a poder verlo en todos lados, y explica muchísimo de cómo funciona el mundo actual.
Otro problema es que cuando desaparecen las normas sociales, los sistemas que competían con ellas ya no tendrán que hacerlo. Por ejemplo, en algunas comunidades sudafricanas, existía la norma social de contribuir económicamente a las celebraciones funerarias de los demás. Un estudio del 2009 vio que, en promedio, estas redes comunitarias de cobertura funeraria cubrían un máximo de 105 veces la suma invertida en el año. Ese número no importa tanto, lo que importa es que las empresas privadas cubrían casi lo mismo. Es decir, las aseguradoras privadas tenían que competir con estas redes solidarias, lo cual limitaba sus márgenes de ganancias. Con el debilitamiento de esas redes, lo más probable es que la cobertura de las empresas privadas disminuya, porque dejarán de competir contra las redes solidarias4 .
Pensá, por otro lado, en las miles de aldeas aisladas que no usaban dinero en el siglo XVIII, y cuya economía estaba regida por normas sociales. La valoración mutua era suficiente para ordeñar a las vacas, hacer pan, construir casas y subsistir. Pero el dinero tenía mucha más capacidad de compra. En algún momento, alguien encuentra un trabajo lo suficientemente rentable como para justificar faltar a las mingas (o cualquier otra tarea de la economía comunitaria). Eventualmente el desgarro social hace lo suyo, la economía comunitaria colapsa y el mercado toma su lugar.
A nivel material, la aldea se vuelve más pobre, porque pasa a vivir en un sistema centrado en el dinero sin tener casi nada de dinero. Miles de aldeas fueron abandonadas por el desgarro social asociado al surgimiento del mercado. Lo paradójico de las redes es que añadir no siempre suma. Si una nueva red (como el mercado) atrae suficiente cantidad de gente como para destruir una red anterior (como las normas sociales), existe la posibilidad de que todos queden peor que antes. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando usar Rappi lleva a que los restaurantes dejen de encargarse de su Delivery. Entonces desaparece la competencia y Rappi puede pasar a ofrecer un peor servicio y tarifas más altas de las que existían antes de que existiera Rappi. La economía networkista muestra cómo esa tendencia se reproduce a gran escala, lo cual es el problema más grave y urgente de la economía actual.
Lo paradójico de la economía tradicional es que no ve la realidad porque no ve las redes. Cuando la aldea se empobrece o se vacía, las personas pasan a usar al menos algo de dinero. Antes tenían vacas, tejidos, instrumentos musicales y fiestas, pero no usaban dinero. Para la economía tradicional, vivían con menos de un dólar por día y prácticamente no contribuían al PBI. Cuando pasaron a vivir con más de un dólar por día, pero perdieron las vacas, los tejidos, los instrumentos musicales y las fiestas, los informes de economía lo mostraron como un triunfo, porque miran más a las monedas que a las redes de cooperación.
Feliz año!
Soy Juan, y escribí la nota que acabás de leer con dos objetivos.
En la primera parte, la idea fue mostrar cómo muchos sucesos sociales que tendemos a tomar como resultados de consignas o debates en realidad están regidos por las redes subyacentes. En general, los debates son más efectos que causas de los sucesos sociales, mientras que lo que realmente impacta es lo que pasa en los tejidos de cooperación.
En la segunda parte, quise adelantar una idea que ya está en los libros, y es que los problemas más importantes y pasados por alto en la sociedad están en nuestras redes. Son los problemas más importantes porque tienden a ser los que más impactan, y tienden a pasarse por alto porque los paradigmas anteriores no veían las redes (como peces incapaces de ver el agua).
Dicho esto, quiero contarte que el próximo sábado voy a mandar una nota anunciando que la revolución empieza en 2025. Me refiero a la revolución como una startup: diseñar un sistema económico mejor, implementarlo, y conseguir que se use a gran escala.
Lo digo literalmente. Es un proyecto concreto en que ya estamos trabajando, y no tiene por qué ser más difícil que fundar una startup exitosa. Tengo la corazonada de que lo vamos a lograr.
El sábado que viene vendrán más noticias, pero ahora quiero pedirte un favor. Te pido que pienses si conocés a alguien a que pudiera interesarle este proyecto. Seguro que sí. ¿Se te ocurrió? Nos ayudaría mucho que le cuentes para que se acerque, y mal no vas a quedar.
Te mando un abrazo grande y un muy feliz año nuevo.
El año que viene la rompemos toda,
Juan
1 En el resumen de la teoría networkista habíamos mostrado que el discurso y las consignas no nos mueven pero parecen haberlo hecho, y son más bien la causa que la consecuencia de los fenómenos sociales. Habíamos mencionado la misma confusión al discutir el concepto de deshumanización. Hago este comentario porque la interpretación más difundida es que el actor de cambio fue la militancia de la ola feminista entre 2016 y 2020. En este artículo, veremos qué sucedió en las redes que causó el cambio en las actitudes y, como consecuencia de eso, el cambio en las ideas.
2 Hasta ahora, los sistemas que regularon las penalizaciones y premios de la humanidad fueron la reciprocidad, el reconocimiento, las jerarquías y el mercado.
3 A veces, cuando los castigos sutiles no alcanzan, las reglas se implementan con más fuerza. Por eso, han existido leyes que impusieron normas de recato, especialmente en respuesta a cuando los códigos sociales se veían amenazados. Esta dinámica es interesante pero excede el tema de la nota presente.
4 Probablemente esas redes ya se hayan debilitado y la cobertura de las aseguradoras privadas haya disminuido. No tuve tiempo de buscar el dato, pero si lo tenés me gustaría tenerlo. El estudio que menciono fue tomado del libro “Portfolios of the Poor”.
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