Quedarse solo en el fin del mundo

Ironía y salud mental en redes sociales

El humor evoluciona al mismo ritmo que el resto de la cultura, por eso la total confusión de nuestros padres o abuelos ante los memes que les mostramos. La aceleración desenfrenada de las comunicaciones en los últimos treinta años nos ha distanciado más las experiencias vitales de distintas generaciones, sino que también explica parte de las mutaciones de los memes. La explosión de datos en Internet ha determinado mucho más que solo imágenes graciosas, pero estas resultan un gran indicador de dónde estamos, y quizá, hacia dónde podemos ir.

Adam Aleksic (conocido en redes sociales como etymologynerd) ha caracterizado el humor de la generación Z como principalmente irónico. Desde hace algunos meses reflexiona bastante al respecto en su newsletter, planteando que “desde sus inicios, Internet ha pasado por decenas de capas de ironía. Podríamos actuar como si skibidi, rizz y gyat fueran reversiones sin sentido de humor infantil, pero en realidad son guiños post-post-post-irónicos a sí mismos. Cada término nuevo refleja una hiperconciencia de nuestra realidad hiperonline.” 

Esta descripción del humor de los nativos digitales me pareció sensata, pero inmediatamente me llevó a preguntarme por qué. ¿Por qué la prevalencia de la ironía y la parodia por sobre otros tipos de humor? Lo comenté con Juan y me sugirió una línea interesante para responder.

El mundo digital que habitamos nos enfrenta a una contradicción fuerte. Por un lado, las crisis climáticas y económicas nos orillan al pesimismo más absoluto. Como dice un tweet: “tratando de explicarle a mis padres (muy amablemente) que nadie menor de 40 años espera que pasen cosas buenas nunca más”. Sin embargo, estamos cotidianamente expuestos a la gente más linda, rica e inteligente. El mundo se está acabando pero todos parecen estar bien, menos yo. 

Que el contexto mundial nos empuja al cinismo es algo que podemos experimentar de primera mano. Lo interesante es que tenemos evidencia de cómo se relaciona lo que nos da risa con nuestra salud mental. Un estudio de la Universidad Cattolica y la Universidad de Florencia (Italia) mostró correlaciones importantes entre estados anímicos y tipos de humor: “En los resultados de múltiples regresiones lineales, la ironía se asoció positivamente con la ansiedad y el estrés. El ingenio fue un factor asociado con la ansiedad, mientras que el sarcasmo se relaciona positivamente con la depresión.”1 (Dionigi Duradoni, Vagnoli: 2023)

La ironía y el absurdismo son el cotidiano en plataformas que te muestran dramáticos anuncios sobre alguna crisis humanitaria, cuando lo único que querías ver era un tutorial para un budín de limón. Pero también podemos entenderlo como un síntoma más del estado de depresión general que nos causa encontrarnos solos en el fin del mundo. 

A pesar de que al análisis político y a la crítica social les sea fácil explicar las crisis personales a partir del macro-derrumbe, por definición ninguno de nosotros se ve directamente afectado por aquellas crisis que nos exceden. Y no por entumecimiento, sino porque nunca lo hicimos. No podemos empatizar con todo el mundo2 , toda empatía siempre fue cercana. 

La creciente desigualdad tiene efectos crueles en nuestra generación. La disolución de las comunidades y la decepción en las promesas meritocráticas, junto con una contraproducente presión por atender a las crisis globales ha terminado de desmoronar ese famoso “sentido de la vida” (que por supuesto, solo se nombra cuando está en jaque): Todos grandes pilares vitales de nuestros abuelos hoy pueden ser desestimados. La escuela y la universidad no te enseñan no que necesitas en la vida, un trabajo estable es esclavizante, casarse es un trámite, tener hijos es egoísta, expresarse espontáneamente es cringe, la vida social es demandante, la religión es una estafa.

Paradójicamente, el individualismo y la autorreferencia siguen ganando terreno ante esta orfandad. Pero ni la selfie ni el poema “yoísta” de Instagram son puras formas de narcisismo, sino intentos de ser vistos por otros. Le demandamos a la plataforma que nos entregue la conexión prometida. Quienes escribimos, escribimos lo que queremos leer: algún intento de explicación, algo que describa nuestra angustia, algo íntimo que nos acompañe. La plataforma defrauda, pero no se queda atrás. 

En las últimas actualizaciones de Instagram se nota el intento de la compañía por activar un sentido de comunidad casi perdido. Primero lanzaron, literalmente, las “comunidades”, que pronto fracasaron en forma de spam de influencers. Luego, una opción de historias que solo se muestran a aquellos seguidores que respondan con un mensaje, incentivando la interacción por mensajes privados. Desde hace unas semanas, se pueden compartir historias con un grupo selecto de personas, una especie de super-super mejores amigos.

Quizá Meta está empezando a notar que sus servicios pasaron hace rato el punto óptimo de conectividad.

Hola! 

Soy Giovanna, escribí la nota que acabas de leer.

Además de los enlaces que incluí como referencia, te recomiendo leer Redes sociales, ansiedad y depresión, que explica con más detalle el mecanismo detrás de las crisis de salud mental, consecuencia de la hiperconectividad social en la que vivimos hace un par de décadas.

Y para profundizar en algunas ideas de la segunda parte de la nota, te recomiendo Las redes sociales no son drogas, que te explica por qué cuando la pasas bien con tus amigos te olvidas del celular.

Ante todo, me interesa que pensemos a fondo estas dinámicas para no calificarlas como normalmente se lo hace: irreversibles. Aleksic ha reflexionado bastante sobre una palabra asociada al humor de la generación Z y Alpha, y que decidí dejar fuera de la nota: brainrot (neologismo muy difícil de traducir, pero haré mi mejor intento con “pudrición cerebral”). La descomposición es un proceso irreversible, porque corresponde a las cosas muertas. Y las redes humanas son, por suerte, un sistema vivo.

Espero que enero te haya permitido una conectividad óptima.

Un abrazo,
Giovanna
Filosofía del Futuro

1  Una regresión lineal es un método estadístico que permite analizar la relación entre una variable dependiente (como ansiedad o estrés) y una o más variables independientes (en este caso, humor benigno, ironía, ingenio, y sarcasmo).

2   En ruso, “paz” y “mundo” se dicen igual: mir (мир). La razón de esto nos compete. Ambas palabras se originan en lo agradable y armonioso, que a su vez se asoció con la comunidad, y eventualmente se extendió a todo el mundo. Para casi cualquier premodernx, la comunidad era el mundo, y una comunidad pacífica era casi la definición de felicidad. Los eslavos solo nos dejaron un lindo recordatorio lingüístico.

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